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CONFERENCIA DE JULIO MENAJOVSKY FOTÓGRAFAS El lugar de la mujer en la fotografía documental y de prensa.

Jueves 27  de Marzo a las 19:30 hs.

Auditorio de la Alianza Francesa.ENTRADA GRATUITA
Una vez completa la capacidad de la sala no se admitirán más espectadores.
Alianza Francesa de Buenos Aires, Av. Córdoba 946, 1º piso

FOTÓGRAFAS
El lugar de la mujer en la fotografía documental
y de prensa

27 de marzo : Primera de dos jornadas a realizarse sobre Mujeres Fotógrafas (la segunda será el 28 de mayo de 2008).

En coincidencia con el mes en que se celebra el Día de la Francofonía y Día de la Mujer en 2008 se detalla la realización de dos jornadas en torno a Mujeres Fotógrafas vinculadas al  fotoperiodismo y la fotografía documental. Las actividades previstas incluyen una conferencia, proyecciones multimedia y la participación de destacadas fotógrafas argentinas en paneles abiertos al público.

PROGRAMA

En un primer tramo, a modo de conferencia ilustrada, me abocaré a la producción de mujeres fotógrafas que la historia de este medio reconoce como referenciales en el terreno foto periodística y documental a nivel mundial. No faltarán menciones a Margarth Bourke White, Berenice Abbot, Lissete Model, Dianne Arbus, Martine Frank, Mary Ellen Mark, Jane Evelyn Atwood, Alexandra Boulat, Lizzi Saddin entre otras.
En un segundo tramo el enfoque se concentrará en fotógrafas argentinas en un recorrido que arranca con Grete Stern (que aunque nació en Alemania siempre dijo que se consideraba argentina) y confluye inevitablemente en Adriana Lestido cuyo trabajo mayor y más representativo de su última producción es “Amores difíciles”,  realizado a fines de los años noventa, dejando planteado para la siguiente jornada: la joven generación que irrumpió en la última década.

Contaremos para este día con la proyección de “Amores difíciles” (20´) y la autora dialogará con el público con la coordinación de quien suscribe.

 

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Esperando los últimos secretos de Robert Capa

53987_original Encuentran tres mil negativos en una valija que apareció en Ciudad de México. Habría tomas realizadas durante la Guerra Civil española desconocidas hasta ahora

Robert Capa, un hombre osado que retrató los conflictos bélicos del siglo XX. Los negativos encontrados parecen estar en buen estado, pero igual recibirán un tratamiento especial para recuperar la imágenes.

NUEVA YORK (DPA).- Los últimos secretos del legendario fotógrafo de guerra Robert Capa se ocultan en una maleta de México. Para ser más precisos: en tres polvorientas cajas de cartón. Más de 3.000 negativos, en su mayoría probablemente imágenes desconocidas de la Guerra Civil española, dejó el húngaro de nacimiento en 1939 en su huida de los alemanes en París.

Su legado apareció hace poco en Ciudad de México. ¿Qué tesoros visuales hay en la maleta? Las referencias manuscritas "Hemingway" y "Federico García Lorca" pueden hacer presumir algunas cosas.

Capa mismo estuvo convencido hasta su muerte en 1954 de que su obra había sido destruida. capa2bis

Tal vez el contenido de la maleta, que se encuentra desde diciembre en el museo "International Center of Photography" (ICP) de Nueva York, revele uno de los mayores secretos de Capa: si su famosa foto de la muerte de un soldado en la Guerra Civil española es verdadera o sólo un montaje.

La imagen granulada en blanco y negro muestra al soldado Federico Borrell García con el rifle en la mano, aparentemente alcanzado por una bala, mientras cae hacia atrás por el dolor. Desde los años 70 se cuestiona la autenticidad de la foto, y nunca se halló el negativo.

Probablemente el fotógrafo montó la escena, algo muy usual en aquella época.

Los expertos esperan que la prueba esté en una secuencia de imágenes de la

"maleta mexicana". Incluso podría ser que la foto no sea de Capa, sino de su pareja, la fotógrafa alemana Gerda Taro. Según las referencias manuscritas, también hay trabajos suyos.

Taro murió en 1937 en España, durante un trágico accidente mientras fotografiaba un tanque.

Lamentablemente, los expertos y fanáticos de la fotografía deberán aguantar varias semanas más.

Primero hay que asegurarse de que con el nerviosismo no se perjudique los viejos negativos. "No me gusta ser el que tira del freno, pero este tipo de material fílmico es tratado tradicionalmente con nitrato durante el revelado. Eso significa que con el tiempo los negativos pueden encogerse, volverse quebradizos o perder color", señaló a DPA Grant Romer, director del laboratorio de conservación del George Eastman House en Rochester, Nueva York.

Por eso, antes de que los rollos sean colocados en un escáner, probablemente deberán ser tratados con sustancias de conservación.

Sin embargo, a primera vista los negativos parecen estar en un estado "sorprendentemente bueno", según Romer. "Casualmente la maleta fue guardada en un entorno que no era demasiado frío, ni demasiado caliente ni muy húmedo", según el experto.

Tan misterioso como el contenido de la maleta es la historia de su rescate. Desde el laboratorio parisino donde Capa la dejó llegó por un camino de aventuras a Marsella.

El general y diplomático mexicano Javier Aguilar González la llevó desde allí a Ciudad de México, donde permaneció oculta por medio siglo.

A mediados de los años 90, el ICP escuchó rumores según los cuales el material, que se creía perdido, aún existía. El museo, fundado por el hermano de Capa, Cornell, y que entre otros se dedica al cuidado, exposición y el estudio de su obra, tomó entonces contacto con los herederos del general. Luego de aclararse el tema legal, la maleta pudo llegar a Nueva York, según informó el "New York Times".

La fascinación que genera la maleta tiene que ver también con la historia de vida del fotógrafo. Robert Capa fue un vividor y un hombre osado. Relajado, con el cigarrillo en los labios y la cámara al hombro, siempre estaba en la primera línea.

"Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es porque no estuviste suficientemente cerca", era el lema de quien luego cofundaría la agencia fotográfica "Magnum".

Comenzó su carrera en la Guerra Civil española en los años 30 y estuvo en el desembarco de los aliados en Normandía para las revistas "Life" y "Time". Su trabajo en la guerra de Vietnam lo llevó a la muerte en 1954, cuando por accidente pisó una mina.

Refiere: www.rionegro.com.ar

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Expertos trabajan ya en conservación de negativos maleta mexicana de Robert Capa

937166w El Centro Internacional de Fotografía (ICP) de Nueva York ha empezado ya a trabajar en la conservación de los más de 120 rollos de negativos recién hallados en México, muchos de ellos inéditos, y fruto del trabajo de Robert Capa durante la Guerra Civil española (1936-1939) .

“Estamos trabajando intensamente en la conservación de los negativos. Hemos empezado a escanear algunos de ellos y, lo seguiremos haciendo a medida que los tengamos disponibles” , dijo hoy a Efe el director del ICP, Willis Hartshorn, sobre ese sorprendente hallazgo.

Más de 120 rollos de película fotográfica, que podrían contener unas 3.000 instantáneas, realizadas por Capa (1913-1954) fueron encontradas a finales de enero en México, en lo que se considera como el hallazgo de un verdadero tesoro moderno.
Ese material del legendario Capa, considerado como el primer fotoperiodista contemporáneo y que él mismo había dado por perdido, se analiza ya en la institución neoyorquina, depositaria de buena parte de su archivo y fundada por Cornell Capa, hermano del reportero.

capaEl paso del tiempo puede haber perjudicado el material, ya que los negativos han estado enrollados, se han comprimido y contraído, y se podrían romper, avanzó el experto.

Los negativos perdidos y encontrados en la llamada “maleta mexicana” , que en realidad son tres de cartón duro de la época, y constituyen un material delicado porque son muy inflamables, han realizado un periplo digno de una novela de espionaje de la época de su desaparición.

De París viajaron hasta Marsella y de allí, en 1940, llegaron a las manos del general mexicano Francisco Javier Aguilar González, entonces diplomático en Francia y que antes había luchado en la Revolución Mexicana a las órdenes de Pancho Villa.
“Harán falta muchos años de investigación para que sepamos qué es lo que tenemos entre manos” , dijo Hartshorn, que señaló que después del “momento de descubrimiento, viene la investigación. Al final se hará una exposición que estoy seguro que dará la vuelta al mundo” .

El especialista indicó también que buena parte de los negativos encontrados y examinados ya se publicaron en revistas de la época como Match, Life y Picture Post. Hartshorn consideró que “parte de lo interesante es que algunas de esas fotografías se pueden encontrar en las tres publicaciones” .

“Lo interesante de que estén publicadas en estas revistas es que su trabajo por representar la Guerra Civil española viajó por el mundo entero” , señaló, al tiempo que explicó que “mirando estas revistas y los negativos encontrados, se ve que hay muchas fotografías reproducidas en ellas y de las que no había negativos” .

El responsable del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York aventuró que se puede “asegurar que hay muchas fotografías de gran calidad entre estos negativos que nunca se publicaron” .

El descubrimiento “ahondará en cómo evolucionó históricamente el trabajo inicial de Capa. Es el principio de su carrera y vemos lo importante que en ella fue la Guerra Civil. Se puede apreciar ya su estilo” , dijo Hartshorn. Asimismo consideró que los negativos de la “maleta mexicana” demuestran la teoría de Capa de que “si las fotografías no son suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente. Eso queda bien ilustrado, porque hasta es patente en cómo tiembla la cámara y lo cerca que está de los soldados” . Capa, nacido en Budapest y que en realidad se llamaba Endre Ernö Friedmann, es considerado uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX, y “su acercamiento a la fotografía marcó la evolución del fotoperiodismo” , destacó Hartshorn.

“Lo más llamativo es el sentido de cercanía e intimidad que Capa era capaz de captar. Demostró que (para tomar sus fotos) no iba al día siguiente de la batalla o se quedaba en la retaguardia” , agregó.

Con el descubrimiento también se ha sabido que algunos de los negativos corresponden a fotografías tomadas por Gerda Taro, compañera sentimental de Capa, y por David Seymour, también conocido con el seudónimo de Chim y uno de los fundadores, junto a Capa, Henri Cartier-Bresson y George Rodger, de la agencia de fotografía Magnum.

Capa había huido de Europa en 1939 tras la invasión nazi y creía que era peligroso viajar con imágenes de la guerra civil española.

“Lo fascinante es que dio las fotografías a un amigo, quien, en medio de la vorágine de la guerra, se olvidó de a quien le tenía que dar los negativos, por lo que se las entregó a un cónsul mexicano… Por eso hemos tardamos casi 70 años en encontrarlas” , añadió.

Una de las mejores historias, agregó, que ha surgido tras el hallazgo es “la oportunidad para un octogenario (Xavier Camps) de reconocer su propia fotografía. Estoy seguro de que esto ocurrirá con mucha más gente en España a medida que consigamos más fotografías”.

EFE
Nueva York 
Refiere:  El Universal

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Robert Frank, la última leyenda de la fotografía del siglo XX

Memorias de un poeta triste

Encuentro en Manhattan con el autor de The Americans, una mirada cínica de la sociedad estadounidense. A los 83 años, habla de sus comienzos y de la beat generation, mientras prepara una muestra que se verá en el Museo Fernández Blanco

Por Daniel Merle  - Enviado especial - Nueva York 2007

704737 "Es bastante sorprendente ver a un tipo que mientras maneja el automóvil, de repente levanta su pequeña cámara alemana de trescientos dólares con una mano, y dispara a través del parabrisas sucio hacia algo que está frente a él. Y, más tarde, cuando la película ya está revelada, comprobar que esas estrías de suciedad no afectan la luz, ni la composición, ni detalle alguno de la imagen. Más bien parecen realzarla."

JACK KEROUAC, 1958.- Miércoles 25. Son las tres de la tarde y llego caminando por Bleecker Street desde el oeste. Estoy frente a la puerta verde, cuya única inscripción es el número 7. A mi izquierda, garabateado con marcador sobre el portero eléctrico, dice: "Correo: toque el timbre y pase la correspondencia por debajo de la puerta, o golpee fuerte en el medio de la puerta". Lo hago tres veces. Nadie contesta. De repente, se abre la cortina metálica del sótano a mi izquierda y reconozco la cara de June (artista plástica y esposa de Robert Frank desde 1975) que me invita a pasar. Bajo dos escalones y puedo ver que Frank está acostado en una cama junto a la ventana que da a la calle. Hace calor. Frank trata de incorporarse, pero apenas lo logra. Entro al cuarto y lo veo por primera vez de cuerpo entero: se ha sentado en la cama y tiene frente a sí una vieja máquina de escribir sobre una mesita. La cama está llena de libros, revistas, una cartera de mujer, las sábanas revueltas. Está vestido con camisa y pantalón, el cinturón desabrochado. Su desaliño coincide con el resto del ambiente. Nunca le han interesado la pulcritud personal ni el orden o la limpieza de los lugares en los que vive.

rf-ta No puedo observar mucho más por la cantidad inmensa de objetos que me rodean. Me concentro en su cara cansada, agobiada por el calor de la tarde. Lo veo triste, un poco desorientado. Tiene 83 años. Estoy frente a la última leyenda viviente de la fotografía.

Durante las dos horas que conversamos, Frank permanece alternativamente acostado o sentado en la cama. Solo cuando se entusiasma con la charla se levanta y se sienta en una vieja butaca. Me invita a que me ubique frente a él mientras sigue mirando hacia Bleecker Street. Los ecos de una discusión llegan hasta nosotros. Dos personas se gritan por unas verduras. Uno contesta (o insulta) en chino. Frank sonríe. Le gusta escuchar las voces que vienen de la calle.

-¿Cómo se siente hoy?
-Cansado, muy cansado. Han pasado muchas cosas en las últimas semanas. Estuve en España, y en Suiza, donde se está terminando una nueva edición de The Americans . Es la misma versión que aquella primera. No le he cambiado nada. Es el mismo libro de hace casi 50 años.

-Usted ha dado muy pocas entrevistas. Me pregunto por qué.
-Bueno, pero se ha escrito mucho sobre mí.

-Además de la exposición sobre su trabajo, que se inaugurará próximamente en el Museo Fernández Blanco, una de las razones por las que estoy aquí es que usted es, en Buenos Aires como casi en todo el mundo, una leyenda...

-No entiendo mucho eso de la leyenda; yo creo que es un malentendido. Hay muchos otros fotógrafos en el medio, (Josef) Koudelka por ejemplo, y otros más. Bueno, quizá no tantos. En América Latina hay muy buenos fotógrafos. Tal vez, lo que llama la atención del público es que siempre he sido independiente. No me dediqué al fotoperiodismo. Entonces, algunos me consideran de alguna manera más "puro". Aprendí además, cuando era muy joven, a proteger mis fotos. Desde que hice mis primeros trabajos para Harper s Bazaar en los años 40, para Alexey Brodovitch, me di cuenta de que si alguien que no fuera yo escribía los epígrafes de mis fotos, el verdadero significado de la imagen podía ser manipulado. Tenía esta idea básica de lo que era mi independencia.

-Pero usted ejerce aún hoy una gran influencia en las nuevas generaciones de fotógrafos en todo el mundo.

-Quizás sea porque me siento comprometido con mis fotos y no dejo que se publiquen si no estoy conforme con ellas. Tuve la oportunidad de publicar TheAmericans cuando era aún muy joven. No estaba interesado en hacer historias fotográficas como las que se hacían en la revista Life . Estaba interesado solamente en mis fotos. Y The Americans me permitió expresar lo que yo veía del pueblo norteamericano. Tenía algo así como una mirada virgen. Una mirada fresca, abierta a las sorpresas. Viajé por todo el país y cada cosa que veía me sorprendía. Fueron buenos tiempos. Yo no era una persona sofisticada, pero sabía que era un fotógrafo. No estaba impulsado por nada intelectual. Me guiaba la intuición. Había gente que era absolutamente nueva para mí. Por ejemplo, la gente de color.

-¿Cómo hizo la edición de The Americans?

-Primero hice copias de contacto de todas las fotos. Seleccioné unas cuantas y las imprimí más grandes. Las pegué sobre la pared. Las miraba y las iba ordenando de acuerdo con algunos temas simples: paisajes, gente en autos, carteles, banderas... Hice una maqueta y la llevé a París. La maqueta no encajaba en la colección que Robert Delpire hacía en ese entonces, una especie de enciclopedia. Así que decidió hacer un libro un poco más pequeño que mi maqueta. Eliminó dos o tres imágenes y dijo que tenía que haber un texto. Yo dije que no quería ningún texto. Pero finalmente lo pusimos.

-Usted había leído a William Faulkner y estaba interesado en que él escribiera una introducción para el libro.

-Sí, había leído a Faulkner. Tenía una manera de escribir conmovedora. Luego leí a Camus, a Sartre. Leí La edad de la razón , pero lo encontraba muy difícil, demasiado filosófico para mí. El extranjero , de Camus, tuvo una gran influencia sobre mí en aquellos tiempos. La certeza de estar solo y ser diferente a los demás... Creo que ser independiente y fuerte es una buena manera de pasar por la vida. Uno tiene que ser fuerte. Camus era un gran escritor precisamente por la simplicidad de su lenguaje.

-¿Recuerda la primera vez que tomó una fotografía? ¿Qué sintió en ese momento?

-En Zurich era aprendiz de un fotógrafo en el estudio de Hermann Segesser; tenía 17 años. ...l me dio una pequeña cámara que usaba negativos de vidrio. Me dijo: "Andá y sacá una foto". Mi padre también hacía fotografías. Tenía incluso una cámara estereoscópica. Hice la foto de una iglesia. Era el edificio más grande del barrio, un barrio de clase media acomodada. Esa iglesia está hoy exactamente igual que entonces. Tenía esa imagen en un pedazo pequeñito de vidrio. Me gustaba Segesser. Vivía arriba de nuestro departamento. A mi padre también le resultaba simpático. Y él me permitió ser su aprendiz. A veces las placas de vidrio se rompían. Entonces él las sumergía en una solución química y con mucho cuidado desprendía la emulsión entera del vidrio quebrado y la trasladaba a una placa de vidrio nueva. Era un procedimiento muy delicado. La fotografía se estaba convirtiendo en algo fascinante para mí. Mi primera cámara fue una Rolleiflex con la que empecé a fotografiar todo aquello que me interesaba. Cosas muy aburridas, la cosecha de la uva, animales, cerdos principalmente, actividades del campo, cosas muy simples. No lo hacía por encargo sino para mí mismo. Después, a través de mi padre, conseguí un trabajo en una gran compañía fotográfica, pero era algo muy mecánico, una cadena de producción. Duré dos días en ese trabajo. Entonces mi padre me dijo: "Es muy bueno que quieras ser un fotógrafo, pero vas a tener que pensar en algo más para ganarte la vida". Las chances de vivir de la fotografía en aquellos tiempos eran pocas. Y además estaba la guerra. Suiza estaba aislada. Fui a Ginebra. De casualidad encontré a un hombre, en el mercado, que me dijo que era fotógrafo. Su nombre era Kubra y miraba mi motocicleta; estaba muy interesado en la motocicleta que tenía en aquel momento. Y me ofreció ser su ayudante. Siempre fui muy afortunado con la gente.

-¿Siente que todavía es una persona afortunada?

-Bueno, me han sucedido cosas terribles durante mi vida... [N. de la R.: su hija Andrea murió en un accidente aéreo en Guatemala en 1974; su hijo Pablo, que padeció problemas psicológicos toda su vida, murió en 1994.] Ahora soy un hombre viejo. Tuve una buena vida. Me siento feliz de hacer algún trabajo todavía. Poner orden en la obra que hice a lo largo de mi carrera. Además, tengo a mi esposa June. Ella es muy talentosa y ha sido una inspiración en mi vida. Ella es una mujer firme, absolutamente honesta. Eso me impresiona.

-Una vez usted dijo que su mujer, June, era más libre en su arte (la pintura y la escultura) que usted en la fotografía, porque ella tenía una hoja en blanco frente a sí, mientras que su mirada estaba mediatizada por la cámara
.
-Todavía pienso lo mismo. La técnica fotográfica es una limitación. Pero eso me ha impulsado a experimentar con otra clase de cámaras. Las limitaciones son un medio para descubrir otras cosas, pero al final son siempre las mismas limitaciones.

-El descubrimiento de la Leica, cine, video, polaroids, collage...

-Sí, a veces uno "se mete en el bosque". Pero es la curiosidad la que me impulsa. Eso me hace tomar riesgos. No es posible ser un fotógrafo si no se toman riesgos.

-¿Cuáles son las condiciones necesarias para llegar a ser un fotógrafo?

-Hay que tener capacidad de persistir. Lograr una cierta cantidad de trabajo que vaya en una determinada dirección. En ese camino, la dirección puede ser intuitiva o fruto de un concepto. Las cosas llegan por intuición o por concepción.

-¿Y cuál fue el camino que eligió usted?

-¡Yo elegí el camino correcto! [risas] Tuve la oportunidad de hacer un libro muy temprano en mi carrera y eso definió mi dirección. Intenté publicar The Americans en los Estados Unidos, pero sólo encontré editor en París. He vivido en este lugar casi toda mi vida (la calle Bleecker, en el Lower East Side neoyorquino), pero ahora nos mudamos a un departamento más moderno, con ascensores, más confortable, a cinco minutos de aquí. Vengo todos los días a este estudio a leer, a trabajar. Pero volviendo al tema de los caminos, me parece que hoy video y fotografía se complementan. El campo para hacer dinero se amplía notablemente.

-¿Y para hacer arte?

-Nunca creí en hacer arte como fotógrafo. Me parece un gran error decir ARTE en letras mayúsculas. Yo creo que hice buena fotografía de acuerdo con mi propia visión. Tal vez sea muy difícil llegar a tener una visión clara como fotógrafo. Hoy la gente es más inventiva. Hay más fotógrafos persistiendo en diferentes formas. Paisajes, retratos, ciudades. No me gustaría empezar otra vez. No creo que pueda fotografiar la ciudad como lo hice en los años 50. Ahora fotografío con esa cámara. [Señala una Lomo, una cámara de plástico de muy bajo costo, sobre la mesa de luz.] Es una clase de entretenimiento para mí. Tengo que hacer algo para pasar el tiempo. Viajo mucho y siempre llevo esta pequeña cámara de plástico. Voy a una casa de fotografía cerca de aquí y encargo copias de contacto. A veces marco una o dos y las copio más grandes.

-Walker Evans fue catalogado como un documentalista, aunque él decía que no lo era, que era un artista
.
-Sí, creo que él era un artista, porque quería ser un artista. Fue educado para ser un artista. Era muy claro en ese sentido. Pero ese nunca fue mi propósito. Gracias a su influencia conseguí la beca Guggenheim, y el hecho de que se publicara mi libro me ayudó mucho a tener un nombre como fotógrafo. Pero seguimos caminos diferentes. Hay una cita de Yeats que dice: " The horseman passes by and cast the cold eye " ("El jinete pasa y lanza una fría mirada"). Yo no creo haber tenido un ojo frío. Walker Evans lo tenía. Un ojo calculador. ...l miraba un auto en la calle. Pensaba que la luz sería mejor una hora más tarde, el momento adecuado, el encuadre. Un sentido de la precisión. Yo nunca fui de esa manera, aunque sabía cómo hacerlo, porque por un tiempo fui su asistente.

-Antoine de Saint-Exupéry en El Principito dice que las palabras son la fuente de todos los malentendidos. En la muestra que se va a inaugurar en Buenos Aires, se podrá ver esa imagen en que aparecen dos o tres fotos de Los Americanos que cuelgan de una cuerda, prendidas con broches para la ropa, mientras que en el extremo derecho se lee "Words" (palabras) sobre un fondo negro...

-Usé las palabras como una manera de destruir las fotos. Creo que hay algo más importante que las fotos. Y lo escribo directamente sobre los negativos. Pero se trataba apenas del fotograma de una película; no creo que fuera una gran foto.

-¿El público encuentra en sus fotografías significados que a usted no lo representan?

-¿Cuál es el público? Yo pienso que los críticos llegaron temprano a mi carrera. Ellos han desarrollado un tipo de admiración sobre mi trabajo, sobre mi personalidad. Mucha gente que escribe sobre mí nunca ha visto mis fotos. Me gustaba Johnny Cash cantando " I am a pillgrim and a stranger" . Ya no soy un marginal, pero no quiero tener nada que ver con el establishment . No tengo muchos amigos. Todos los amigos de la beat generation ya se han ido. Y cuando uno se vuelve viejo se da cuenta de una cosa: más que ser marginal, en realidad uno está solo. La gente no tiene tiempo. Incluso yo no tengo tiempo. No tengo paciencia para escuchar a otra gente. No conozco gente joven. Encuentro que vivir en esta hermosa ciudad es suficiente para mí. Tengo la energía necesaria para vivir aquí, con la ayuda de June. Todo cambia cuando uno se vuelve viejo. El paisaje cambia. Y uno se da cuenta cuando el deterioro físico comienza. ...sa es la señal. Ya no enseño, por ejemplo. Lo hice en diferentes lugares durante algún tiempo. No lo hago desde hace más de diez años. Ya no tengo la energía física, la paciencia. Creo que todo lo que podía enseñar era cuánto esfuerzo requiere llegar a cierto reconocimiento en el mundo de la fotografía, a tener un nombre.

-¿Cuáles son las principales cualidades que debe tener un buen fotógrafo?

-Una buena lección me la dio Allen Ginsberg hace poco más de diez años. ...l estaba enseñando poesía, creo. Se sentó y miró hacia la mesa [señala la mesita donde está su máquina de escribir], y describió lo que veía: las patas, el tipo de madera, los papeles sobre la mesa, el frasco de las medicinas, la máquina de escribir. Lo que uno veía era exactamente lo que él estaba diciendo. No había poesía en la mesa, pero la sola descripción podía convertirse en poesía. Ginsberg tenía un sentido del ritmo y una increíble cantidad de palabras para combinar en su mente. Tenía una manera de ver profética. Otra cualidad suya fue el coraje... Era un marginal, un homosexual, estaba en contra del sistema, era judío. Sí, tenía un tremendo valor, que también venía de su madre, que era loca. Peter Orlovsky, que fue amante de Ginsberg, también era una persona absolutamente libre. La última cualidad [para ser un buen fotógrafo] es la curiosidad. Correr el riesgo. No hay reglas en esto.
Robert Frank me pregunta acerca de la pequeña cámara digital que llevo en el bolsillo. Se la muestro y la examina cuidadosamente. Está muy interesado. Hace un par de tomas. Se da cuenta de que la pantalla de la cámara muestra la imagen demasiado clara. La quiere ver más oscura. Pregunta cuánto cuesta. Pregunta si hago copias en papel de las fotos que tomo. " Very nice camera, wonderful! ", dice. Busca los anteojos para observarla más detenidamente. Le pregunto si le puedo hacer algunas fotos, y accede, sin distraerse de la meticulosa observación que sigue haciendo de mi cámara digital. Me pregunta si el foco es automático, quiere saber acerca de todos los controles. Le pregunto si le gustaría comprar una. "No, no. Conozco muchos fotógrafos que usan estas pequeñas cámaras digitales... ¿Tiene más preguntas? A veces me canso de ser el objeto de tantas preguntas."

-¿Qué fotógrafos han influido en su obra?

-Un fotógrafo suizo; su nombre era Tukenov. Bill Brandt, Walker Evans. Bill Brandt influyó más, era una personalidad más sombría que Walker. La fotografía que yo hacía no se practica más. Las cosas han tomado otra dirección, especialmente en Alemania. A veces me canso bastante en el intento de recordar los nombres... He visto buenos libros últimamente... Olvido los nombres.
June interviene en la charla. Dice: "No me gusta ser una mujer policía, pero en los últimos seis meses he tenido que serlo porque Robert se ha enfermado". Frank cuenta que June lo protege y mucho. Y June vuelve a hablar para decir: "Yo soy muy protectora de Robert, pero también de mí misma. ...l tiene 83 años; yo voy a cumplir 78. Tenemos límites. Venga mañana para hacer las fotos".
Jueves 26. Llego a la cita programada con June: a las 10 en punto, 15 minutos sólo para hacer las fotos. La encuentro en la calle. Está hablando con un señor que tiene puesto un delantal blanco. Es el dueño de un local lindante con el edificio de Frank. Están discutiendo sobre unos equipos de aire acondicionado que han instalado y que dan al patio trasero de los Frank. Hacen mucho ruido y Robert no puede dormir a la hora de la siesta.
Entro al estudio de June, en el primer piso del edificio. Dos pinturas enormes sobre la pared de la izquierda representan la única zona relativamente despejada en el lugar. Ahí se acumulan objetos, obras inacabadas, un yunque, un trozo de leña y un hacha, metales, un equipo de soldadura. Decenas de pequeños dibujos, fotos, recuerdos, libros, una escultura en metal (tamaño natural) de un hombre sentado que tiene un fuelle de cuero en el vientre; si uno aprieta fuerte el fuelle, sale aire de la boca del hombre metálico. June se ríe, satisfecha con su obra. Mientras recorta de un papel un dibujo a lápiz de unos niños haciendo una ronda y lo pega en una página del libro que me regala, June dice: "Es bueno mostrar cómo las grandes cosas vienen de aquellas que son pequeñas. Robert me necesita mucho últimamente, así que es un poco difícil abocarme todo el tiempo a mi trabajo ahora".
Me conduce por un pasillo y subimos una escalera. En un rincón puedo ver decenas de latas de película de 35 mm (quizá copias de la producción fílmica de Frank). Llegamos a una puerta negra. June me invita a pasar, el aire está fresco. Es un rectángulo un poco angosto, con una ventana sobre la izquierda. Frank está sentado frente a un tablero, tratando de escribir sobre unas hojas que todavía están vacías. Comienzo a tomar fotos, en silencio. Ambos se quedan en el cuarto. Ella se sienta en la cama. ...l trata de garabatear algo en un papel. No saben qué hacer. A Frank le resulta muy molesto ser fotografiado. Se siente incómodo, no quiere mirar a la cámara. Después de unos minutos, June se retira.
Picture time! El tiempo para hacer las fotos no tiene que durar mucho dice Frank. "Después de todo, sólo necesita una o dos, ¿no?".

-¿Puede mostrarme algunas cosas que ama de las que hay en este cuarto?
-Esta es mi hija Andrea. [Es lo primero que señala, una foto enmarcada, colgada en la pared frente a su tablero]. Esta es una muy buena pintura que hizo June de mi hijo Pablo y yo [una pequeña pintura en la pared opuesta a su escritorio]. Y este se supone que es Benito Mussolini [se acerca a una inmensa placa de corcho y señala una tarjeta postal]. La encontré en alguna parte, no recuerdo dónde. Cuando hice la milicia en Suiza, fui asignado a un batallón de montaña. Fue una buena manera de estar entrenado, una buena educación también. Nunca más fui a la montaña, pero llegué a ser un buen esquiador. Mussolini era casi una broma. Pero Hitler era algo serio. Déjeme mostrarle el otro cuarto...
Pasamos a una habitación más amplia, con dos ventanas que dan a la calle. Sobre una mesada y en las estanterías hay una cantidad de recuerdos. Su vieja cámara VHS. "Ya no vivo aquí, uno se cansa de estar rodeado todo el tiempo por tantos recuerdos." Frank busca su Polaroid SX-70 y me dice que quiere tomarme una fotografía. Intenta cargarla con diferentes magazines , pero están todos vencidos. "Me gusta esta cámara". Le ofrezco mi cámara digital, pero la rechaza. Dice que las baterías que vienen incorporadas en el magazine de la película de su Polaroid están agotadas. Persiste. Finalmente puede cargar uno. Me pide que me quede parado frente a él a dos metros de distancia. Hace dos, tres fotos y las va arrojando al piso. Salen mal, sobrexpuestas. Se desanima.

-¿Encontró alguna similitud entre Polaroid y la fotografía digital? ¿Tienen la misma inmediatez?
-Nunca he probado una cámara digital, no podría decirle.

-En 1948 inició un viaje por Perú y Bolivia porque quería alejarse del mundo de la fotografía comercial en los medios de Nueva York ¿Cómo fue ese viaje?

-Me gustó mucho Lima. Yo viajaba con la gente del pueblo, en los camiones [lo dice en castellano], por caminos de ripio. Muchas mujeres usaban esos sombreros. Me llamaban mucho la atención. Espero haber visto algo más que esos sombreros, las montañas, el paisaje. Estuve la mayor parte del tiempo solo, durante unos seis meses. Recuerdo que estaba viajando en tren y un vendedor ofrecía sándwiches. Alguien a mi lado me dijo que no los comiera, porque estaban hechos con carne de perro. Igual me comí uno. Era fantástico. En algunos pequeños lugares de las montañas uno podía comer con cubiertos de plata. La gente era muy amigable. Cuando llegué a la frontera entre Bolivia y Perú había soldados. Me recomendaron no pasar. Dormí en una casa deshabitada, en un lugar desconocido. Más tarde me avisaron que ya no había soldados, así que crucé la frontera en medio de la noche. Era una persona bastante arriesgada entonces.

Viernes 27. A solas con June.
"Fui a la escuela de la Nueva Bauhaus en Chicago, a los 18 años. Tenía un maestro que venía de Suiza. Y apenas hablaba inglés. Yo era joven y naïve . Tenía un amigo, muy conocido luego como artista pop, que tomó muchas ideas de mí. No voy a decir su nombre. Solíamos salir a caminar y le decía: ´¿Por qué no mirás las vidrieras de los negocios? Es lo más hermoso que tenemos en Estados Unidos . Eso fue a principios de los años 50... Una mujer es una fuente eterna. Es una especie de maquinaria sublime. Le damos esa fuerza a los hombres porque los amamos. En la actualidad, las mujeres piensan que no necesitan de los hombres. En mi juventud pensaba que podía ser como los hombres. ´Puedo pintar como lo hace un hombre , decía. Yo era del Midwest. Cuando vine a Nueva York ya tenía 30 años. Estaba buscando otra cosa. Nunca tuve nada que ver con la beat generation . Y Robert tampoco pertenecía a la beat generation ; ellos eran hombres homosexuales. Tal vez fueron un poco adolescentes en un sentido. Fue un fenómeno tan norteamericano. No estaban pensando en el pasado; tampoco en el futuro. Solo pensaban en el presente, lo que me parece maravilloso."

Viernes 27. Con Robert Frank en su cuarto, la última vez.
En cuanto entro y lo saludo, me alcanza dos libros y me los regala. Lines of My Hand , en edición nueva, y Robert Frank, from New York to Nova Scotia . Está sentado junto a su tablero, mirando una buena cantidad de copias de contacto de las fotos que hizo con su pequeña cámara de plástico en su último viaje, hace un par de semanas. "En el lago de Ginebra, un árbol extraño. Las montañas junto a las que me crié. Cada vez que me detenía en el camino, una foto aquí, otra allá. Amigos. Algunas veces en color. En Zurich, en el subte; me gusta hacer fotos en los subtes todavía. En Madrid, cerca de la Puerta del Sol. Un monumento al barrendero. June posa junto a la estatua. Carteles en las vidrieras de los negocios. Estaba feliz ahí... Sigo haciendo fotos de la misma manera, aunque estas no son como las que hacía hace años. Yo reacciono ante lo que estoy viendo en el momento. No espero mucho más."

Señala un fotograma en el que se ve a una mujer de mediana edad. "Ella es la única familia que me queda. Llegó a casa de mis padres como refugiada cuando tenía seis años. Todos sus parientes habían sido asesinados en Alemania. Ella es casi como mi hermana. Tengo un hermano mayor, pero no nos hablamos."
Robert Frank sigue mirando las copias de contacto desparramadas sobre el tablero. Le pido que me autografíe uno de los libros que me regaló. "Tengo que ir al médico ahora. Ya no firmo mis libros. ¿Tu nombre era Daniel?"

(Robert Frank. Words, En el Museo Fernández Blanco, Suipacha 1422, del 23 de agosto al 21 de octubre.) - Especial agradecimiento a LAN.

Refiere: adncultura.lanacion.com.ar

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Robert Frank. Diario de un encuentro

REV_ROBERT_FRANK A finales de julio de este año y durante tres días, tuve la oportunidad de entrevistar a Robert Frank en su estudio de la calle Bleecker en Nueva York. Ahora que han pasado algunas semanas desde aquel encuentro, puedo medir con alguna exactitud cuál fue el impulso que me llevó a intentar esa entrevista a pesar de las evasivas del fotógrafo para concretar ese encuentro.

La mediación desinteresada de Leila Makarius (curadora, junto a Jorge Cometti, de la muestra que se inaugura hoy en el Museo Fernandez Blanco) fue el disparador.

REV_ROBERT_FRANKPero en verdad la energía que me llevó a sentarme junto a él y empezar a conversar una tarde calurosa de verano, vino de un momento casi perdido en mi juventud: la primera vez que tuve en mis manos un ejemplar de The Americans . Yo no era un fotógrafo formado todavía, aunque ya hacía algún trabajo en periodismo aquí y allá como para ganarme la vida. Ese libro casi no tenía palabras. Solo un prólogo de Jack Kerouac que no pude leer por que no entendía inglés. 091 Ochenta y tres imágenes en blanco y negro, de a una por página dispuestas con extrema sencillez. Nunca había visto fotografías como esas. Eran muy desprolijas en su factura, pero la clara disposición temática comenzando cada capítulo con una bandera de los Estados Unidos formaba un conjunto compacto, elocuente: era el retrato despiadado, entre cínico y tierno al mismo tiempo de la sociedad norteamericana de fines de los años cincuenta.

16a Varias generaciones de fotógrafos han experimentado la misma sensación que yo tuve hace treinta años, y lo siguen haciendo aún hoy. Mientras tanto, Frank ya había dejado de lado la fotografía y comenzaba un largo camino de experimentación visual atravesado varias veces por la tragedia personal (perdió a sus dos hijos, Andrea en 1974 y Pablo en 1994) que lo convertirían en una leyenda viviente. Un artista que no se reconoce como tal y que elude todo encasillamiento, un outsider que hoy, concluye sabiamente que esa vocación marginal se ha transformado, sobre el final de su vida, en un sentimiento de soledad a pesar de ser aclamado en el mundo entero como uno de los grandes maestros de la fotografía del siglo XX.

Mi temprano encuentro con la obra de Frank, se une en un arco a través del tiempo a este otro, con el hombre ya viejo que vi frente a mi, sentado en una butaca destartalada. La mirada triste y esquiva, su proverbial desaliño personal, la compañía de su querida esposa June Leaf, los recuerdos de toda su vida.

En 1948, luego de sus viajes por Europa y America del Sur, Frank hizo un pequeño libro titulado Black, White and Things. Hizo solo tres ejemplares en ese entonces. El único texto, a modo de epígrafe era la famosa frase de El Principito, de Saint Exupery: “Lo esencial es invisible a los ojos”

Estoy sentado frente a mi pantalla escribiendo estas palabras y recordando lo que nunca olvidaré, los tres emotivos encuentros con Robert Frank. Me doy cuenta que ese hombre ha transitado su vida buscando un imposible: hacer visible lo esencial.

Un antiguo dicho budista dice: “Cuando el alumno está listo, el maestro aparece”. El último gran maestro de la fotografía se hace presente en Buenos Aires y nos dejará ver su esencia en estas imágenes que son el relato de su vida.

Derechos Reservados: Daniel Merle/La Nacion/adnCultura*com

ROBERT FRANK words - Fotomuseum Winterthur / Fotostiftung Scheweiz -

Estuvo exponiendo su obra entre el 23 de agosto al 21 de octubre de 2007 en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco Suipacha 1422

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Lothar Baumgarten. autofocus retina

baum1_230 Primera exposición retrospectiva del artista alemán (Rheinsberg, 1944) en España. Hijo de antropólogo, Baumgarten convivió algunos años con los indígenas de una tribu de la Amazonia venezolana y ha sido uno de los primeros artistas que, desde finales de los años sesenta, introdujo los hechos de la representación de las culturas minoritarias y su ausencia en el abanico de la representación cultural occidental.

Interesado precisamente en la noción del «otro» y su vehiculación en la historia, sus trabajos utilizan objetos, imágenes y la palabra escrita como materiales fundamentales para incitar a una reflexión sobre las condiciones de intercambio y de tránsito con relación a la geografía y la acumulación de la historia. 

baumgarthen07La exposición hará especial hincapié en el trabajo fotográfico del artista, particularmente a través de series como Carbon (1989) o Montaigne (1985), que constituyen verdaderos ensayos visuales y de síntesis en su trabajo. Desde el proyecto realizado sobre la geografía de Estados Unidos a través de dos líneas ferroviarias que atraviesan el país (en el caso de Carbon) hasta las inscripciones visuales en los paisajes de la Amazonia venezolana (en Montaigne, serie que se podrá ver entera por primera vez), las fotografías de Baumgarten —en blanco y negro— son un testimonio de su interés por la iconografía naturalista y de la noción del artista-antropólogo.

Combinadas con elementos textuales y signos, sus obras se convierten en enciclopedias de paisaje en evolución constante.

La exposición presentará en la Capella del Macba la obra Ecce Homo de 2002. Se incluirán asimismo obras emblemáticas relacionadas con las culturas sudamericanas, así como la instalación específica en la fachada del museo de la obra Imago Mundi (1988), que establece una metáfora entre la universalización de la carta de colores de la fotografía y el espíritu de las colonizaciones del siglo XX.

Comisario: Bartomeu Marí
Producción: Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA)

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Henri Cartier-Bresson exposición en Girona

Leningrad, Russie, 9 mayo 1973 Para Henri Cartier-Bresson, fotografiar es «poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira» y, en una fracción de segundo, captar la belleza de la forma y la emoción que el tema desprende.

Así consiguió captar imágenes como las que veremos en esta exposición, una retrospectiva de su trabajo a lo largo de los años trenta, cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX.

Se trata de un viaje por sus viajes, un recorrido por su manera de mirar y emocionarse ante la imperfecta belleza del mundo. Observaremos su trayectoria, tan extensa que podríamos considerar su trabajo como un reportaje ininterrumpido del siglo XX, un documento visual de la realidad, supeditado a su extraordinaria mirada artística.

Horario
De lunes a sábado, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 h
Domingos y festivos, de 11.00 a 14.00 h

Precio
Actividad gratuita

Más información: Obra Social La Caixa

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Retrospectiva de Bill Brandt en Houston

Bill-Brandt Retrospectiva de Bill Brandt en Houston

El Museum of Fine Arts de Houston inauguró una retrospectiva del fotógrafo Bill Brandt bajo el lema Photographs by Bill Brandt: A Sense of Wonder, una exposición que reúne las instantáneas más representativas de su trayectoria con la cámara.

Bill Brandt
, el fotógrafo que se caracterizó por los desnudos,  nos acerca un poco más en esta muestra a la amplitud de su talento como lo muestra el retrato social de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.item25a1b

Brandt decía que el fotógrafo se distinguía del resto por su capacidad de mirar con intensidad para poder descubrir en lo aparentemente normal un inusitado detalle que trascendiera de lo común y, de este modo, dárselo a conocer al resto y finalmente su obra logra plasmar con una técnica exquisita la amplitud de esta belleza.

Photographs by Bill Brandt: A Sense of Wonder

hasta el 27 de abril
Museum of Fine Arts
1001 Bissonnet Street
Houston, Estados Unidos

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Henri Cartier-Bresson, su libro “El momento decisivo”online

hcbNos hacemos eco de una información publicada por el amigo THuRStoN en nuestro foro de charlas, sobre la disponibilidad vía web de acceder a ver su libro “El momento decisivo”. (Debajo el enlace).

Para quienes desconozcan la vida y obra de este referente de la fotografía, os pongo a continuación la información recopilada sobre Henri Cartier-Bresson en la Wikipedia (literal) :

“Henri Cartier-Bresson (22 de agosto 1908 - 2 de agosto 2004) fue un célebre fotógrafo francés considerado por muchos el padre del foto reportaje. Predicó siempre con la idea de atrapar el instante decisivo, versión traducida de sus “images a la sauvette”, que vienen a significar con más precisión “imágenes a hurtadillas”. Se trataba, pues, de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción.”

“Nació en Chanteloup-les-vignes, a las afueras de París, el 22 de agosto de 1908. A los 22 años decidió probar suerte en Costa de Marfil, fue ahí donde tomó sus primeras fotografías. De regreso a Francia, adquirió una cámara Leica, la cual quedaría asociada con su persona. Tras coquetear con el surrealismo y colaborar con cineastas como Jean Renoir y Jean Becker decidió fundar la agencia fotográfica Magnum con Robert Capa, David Seymour y George Rodger.”

“A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de retratar a personajes de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Edith Piaf, Fidel Castro y Ernesto Guevara. También cubrió importantes eventos, como la muerte de Gandhi, la Guerra Civil Española o la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín. Cartier-Bresson fue el primer periodista occidental que pudo visitar la Unión Soviética tras la muerte de José Stalin.”

Acceso a su libro vía web
El momento decisivo“.

Refiere: Carborian

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Pipo Fernández, fotógrafo oficial de los Premios Goya

Goya_Pipo_2 "La mirada cómplice" de Pipo Fernández se expone tras la entrega de los Goya

Habiendo cubierto el total de las 22 ediciones celebradas, Pipo Fernández puede presumir de ser el fotógrafo oficial de la gala de entrega de los Premios Goya. Moviéndose por entre los múltiples ángulos del espectáculo, ha retratado con una "mirada cómplice" la diversidad de emociones que en él confluyen. Un completo catálogo de vivencias que ahora expone la Academia de Cine.

Madrid. Eduardo Parra.- Una sala de la propia sede de la Academia en la madrileña calle Zurbano acoge desde ayer y hasta el 14 de marzo la muestra fotográfica de Pipo Fernández sobre la ceremonia de entrega de los Premios Goya. Cientos de instantáneas combinadas en diferentes montajes recogen en un total de 40 cuadros un amplio registro de vivencias de los grandes protagonistas del cine. Goya_Pipo_5

Abrazos entre bambalinas, lágrimas en el escenario, besos al aire y mucho glamour se entremezclan gracias al trabajo de quien está considerado como uno de los más reputados "foto-fija" de España.

Pipo Fernández ha seguido muy de cerca las 22 ediciones de los Premios Goya.

Fernández ha trabajado en películas como "Camarón", "Mortadelo y Filemón", "Libertarias" o "La Pasión turca", y es el encargado de inmortalizar -en película primero y en píxeles después- la ceremonia de los Goya desde sus comienzos hasta hoy.

Glamour, escotes y buen cine

Penélope Cruz junto a Elsa Pataky se mezclan con Marisa Paredes y Ángeles González Sinde. "La selección de las fotos -comentaba Fernández a QUESABESDE.COM este martes durante la inauguración de la muestra- ha sido cosa mía, basándome en mi gusto personal."

Al preGoya_Pipo_6-1 guntarle acerca del contraste entre el glamour de las actrices y el encorsetamiento de académicos no muy fotogénicos, se defiende: "¿Cómo no voy a poner alguna foto de ellos?"

El ayer analógico y en blanco y negro frente al hoy digital y a todo color. Si algo se saca en claro de la exposición es que el tiempo pasa para todos igual, y que el glamour de una noche es tan efímero como la fotografía que lo inmortaliza.

22 ediciones fotografiadas, "y las que quedan por delante", le sugerimos. Pipo nos mira y exhala un suspiro mientras contempla la exposición: "Lo que es seguro es que yo no me meto en este marrón otra vez."

Refiere: quesabesde.com